Delirando

12 diciembre, 2012

Delirando me encuentro por esta desesperación de tenerte… Son tantas las cosas que inundan mi mente cuando te adueñas de mi pensamiento.

Pienso en tu cabello y cómo éste acaricia tus hombros con sus puntas; tus hermosos ojos marrones y su forma de atraparme por completo en su profunda belleza; tu delicada boca, con esa sonrisa tan dulce y angelical, pero a la vez con esos labios que me incitan a besarlos sin control; tu cuello, del cual mi nariz y labios desean recorrer cada centímetro, inhalando tu dulce fragancia; tus gloriosos pechos, fuente de inspiración para mis más locos arrebatos de pasión; tu cintura, que mis dedos anhelan con recorrer suavemente, siguiendo la sensual curva que describe; tu espalda, pidiendo a gritos ser recorrida enteramente por mis labios sedientos; tus glúteos benditos, moldeados por el más habilidoso de los dioses ; tus piernas, largas y delicadas, suaves al tacto como la seda; tu dulce pubis, el Santo Grial de mi libido… ¡Ah, tu belleza!

Son muchas cosas las que pienso al imaginarte, pero hay una que logra separarse de la nube de mis deseos y delirios: Te quiero.

Corte de pelo

23 noviembre, 2012

Puta, a uno ya ni el gusto de andar como quiera le dan. “Andá cortate el pelo, parecés vago”. Qué joder.

El peluquero era amable, aunque el lugar era una mierda ($2.50 por cliente no creo que deje mucho margen de utilidades para mejorar el local). Casi se sentía en el ambiente la tristeza de los que, como yo, no pueden andar como se les dé la puta gana.

Tuve que contener la risa cuando volteé a mi izquierda y vi que, en la silla contgua a la mía, otro barbero “cortaba el cabello” de un hombre prácticamente calvo. Cosa de orgullo para el cliente, cosa de dinero para el peluquero.

Quizá lo que causaba el repulsivo placer del barbero, más que quitarme una parte de mí, era llenarme la cara de pelos. Qué hijo de puta.

Me pica la cara. Mi teléfono comienza a vibrar. No puedo contestar porque mis manos están bajo la tradicional manta. Más pelo en la cara. Puta.

“¿Así está bien?”, pegunta el barbero al creer que ha terminado. “Sí”, respondo secamente. En este punto, sólo quiero irme a la mierda. Me quita la manta y luego comenza a quitar los pelos de mi piel con un cepillo, aunque más creo que sólo se aseguraba de que estos se metieran en mi camisa. “Tome”, le dije, extendiéndole un billete de $5. Pensé en que hubiera sido mejor llevar el dinero exacto; así podría tirárselo y salir del lugar. “Gracias”, le dije al recibir mi cambio. Por más que lo odiara en esos momentos, no hay que perder los modales.

Al salir por la puerta, llegué a la conclusión de que, para la próxima, iré a un salón costoso para que un estilista homosexual me haga el corte. Aunque me saquen $10, quizá ahí no me echen los pelos en la cara. Siempre quitarán una parte de mí, pero no será tan malo.

Tarde nublada

14 noviembre, 2012

Ven, tirémonos al césped,
Rindámonos ante las notas de un lejano piano,
Esperemos la llegada de la lluvia,
Olvidémonos de todo.

Que el mundo se reduzca a tu dulce aroma,
Tu tierno rostro sonrojado,
Tu delicada piel canela,
Tus hermosos ojos marrones.

Mis manos jugando en tu cintura,
Tus manos jugando en mi cabello,
Nuestros labios danzando
El más sensual de los tangos.

Y luego despiértame con un beso,
Sácame de la cama,
Llévame del brazo al campo,
Y hagamos que deje de ser sólo un sueño.

Vida gatuna

11 noviembre, 2012

Sólo hay dos cosas que extraño de ser humano: escribir y fumar cigarrillos. Por lo demás, la vida de un gato es simplemente perfecta.

Recuerdo que solía creer que la reencarnación (y básicamente cualquier tipo de vida después de la muerte) era una patraña. A pesar de nunca preocuparme por hacer las cosas bien durante mi vida, creo que volverme un gato fue lo mejor que pudo pasarme. Muchos sueñan con volverse delfines, tigres, leones… Pero la vida gatuna es la mejor. Y más aún la de un gato casero mimado: Poder comer hasta reventar, dormir cuanto me plazcara… Y todo lo que debía hacer era ser adorable.

Una vida tranquila es lo que necesitaba… Si mi vida humana terminó a los treinta, no fue sin razón. Fumar dos paquetes de cigarrillos al día y pasar más tiempo ebrio que sobrio, no son los mejores aliados de un hígado y un par de pulmones. Y eso sin contar todas las aventuras que viví mientras lo hacía. Pobrecito ese cuerpo… Ahora ya está descansando dos metros bajo tierra.

Como decía anteriormente, la vida de un gato era lo máximo. Cosas que son mal vistas en los humanos, son lo que nos hace adorables: Dormir casi tres cuartas partes del día, comer hasta la saciedad, romper cosas… Mientras no arañara a las personas y no subiera a la mesa del comedor, era tratado como un rey.

Tener mi tiempo completamente libre era algo que siempre soñé en mi humanidad. Era una lástima, sin embargo, no poder usarlo para escribir. Mis garras no se llevaban bien con las plumas, así que todas esas historias que creé en mi mente mientras veía el atardecer desde el techo, se quedaron conmigo.

Cuando mi amo quería relajarse de su asquerosa vida humana, se sentaba en su estudio a beber whisky, fumar algunos cigarrillos y escuchar excelentes piezas de jazz. Me gustaba mucho sentarme en su regazo… Ya saben, por el aroma del tabaco. Aunque nunca logré que me diera un jalón de sus cigarrillos, si lograba ser lo suficientemente adorable, me daba un poco de whisky. Nunca lo suficiente para embriagarme hasta perder la consciencia, pero sí para recordar los viejos tiempos de mi humanidad. Con razón este cuerpo tampoco me duró demasiado…

De vez en cuando, mi amo organizaba reuniones de amigos en su casa. Al principio eran un poco aburridas, pero a medida el alcohol comenzaba a hacer efecto, se volvían increíblemente graciosas. Solía sentarme en un sofá a ver a los ebrios fracasar en sus intentos de baile, cantar canciones de la manera más desafinada posible, perder la conciencia. Casi como yo lo hacía cuando era humano… Era un bonito espectáculo.

Sus amigas eran las que me daban más cariño. Antes de embriagarse, solían acariciarme,  así que yo me acostaba en su regazo. Tal vez ya no era humano, pero aún se sentía bien la calidez de esas mujeres (muy hermosas, por cierto).

Una de ellas, luego de ronronear en su regazo y lamer sus delicados dedos, llenó mi depósito de agua con vodka y ron. Ahora la fiesta no sólo sería de ellos. El volumen de la música subió y me dispuse a beber el premio por mi “adorabilidad”.

Mientras bailaban descoordinadamente, alguno de los invitados dejó caer un cigarrillo encendido. No pude vencer la tentación, así que lo llevé junto a mi preciada bebida. Fumar sin manos es todo un reto, les diré, pero valió la pena. Debido que mi cuerpo era varias veces menor que el de un humano, las sustancias actuaban en él con fuerza casi brutal. Ese jalón de tabaco se sintió como uno de marihuana. Definitivamente valió la pena.

Cuando menos lo sentí, había bebido todo el alcohol en mi plato. Estaba completamente destrozado, pero como jamás me había sentido… Excepto esa vez, así que supe que eso era todo.

No sé cómo es que estoy pensando todas estas cosas, a pesar de estar tan terriblemente ebrio… Quizás son los efectos de la muerte. Así me pasó la vez anterior.

No me gustaría reencarnar nuevamente, pero, de hacerlo, no quiero morir intoxicado con alcohol. Ya es suficiente con dos veces.

¿Recuerdan que les dije que la vida de un gato es la mejor? Aún, en estos instantes, creo que lo es, pero no quiero volver a ser uno; no soportan bien el alcohol. Y si vuelvo a ser humano, probaré con tener un perro. Dicen que esos no se mueren a la primera verguera.

A medias

11 noviembre, 2012

La mirada esquiva,
El cuerpo perdido,
Los labios entrecortados
Como las palabras que de ellos salieron.

El momento que jamás pasó,
El calor que jamás existió,
Las huachaferías que nadie creyó
Nadie, excepto yo.

La compañía que buscaban los labios
Que, por más que en los del otro buscaron,
En ningún momento encontraron.

Mis manos en tu cintura vacía,
En tu rostro endurecido,
En tus pechos malditos,
En tu vientre de rechazo.

Y cuando las palabras salieron
De tus labios de piedra
Todo se hizo humo
Y luego realidad.

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